La televisión
también opina, pero no siempre lo hace de la mejor forma. Es casi
absurdo intentar establecer una comparación entre cualquier artículo
publicado una mañana en cualquier periódico con una intervención
de apenas treinta segundos realizada en cualquier tertulia, pero es
cierto que esto último podría hacerse mejor.
Siguen siendo
habituales los programas televisivos cuyo objetivo es mostrar
diferentes puntos de vista en temas de interés general, recurriendo
a diversas personas que los defiendan, y yo misma soy habitual espectadora de La Sexta Noche. No sé si la profusión de gritos, interrupciones e
incluso faltas de respeto que se dan en estos programas tienen o no
que ver con la búsqueda de una mayor audiencia, probablemente sí,
pero lo cierto es que en ocasiones dejan mucho que desear.
Por eso mismo,
estos programas, que no carecen de la falta de calidad de la que a
veces se les acusa, nunca tendrán el reconocimiento que tiene
cualquier artículo publicado una mañana en cualquier periódico.
Porque les pierden las formas, aunque el contenido sea bueno.
La televisión
también opina, pero no puedo evitar pensar que opina regular.
Aparentemente, es el medio ideal para hacer llegar una opinión -o cualquiera otra cosa- a una
cantidad importante de personas, pero no lo están utilizando como se
debe para lograr este fin.
En este sentido,
los periódicos, o Internet, están muy por encima de lo audiovisual.
En los primeros no solo hay calidad: también hay un orden y una
estructura, dos características que a veces parecen caer en el
olvido pero que son tan fundamentales como el contenido mismo.
El ambiente
televisivo no es idílico, desde luego. Dejando a un lado el poco
tiempo de intervención que ya mencionaba antes, 'enfrentarse' a
personas que comparten una opinión diferente a la tuya, en ocasiones
totalmente opuesta, no es sencillo. No es ni mucho menos la misma
presión que uno siente cuando se sienta delante de un folio en
blanco -de una pantalla de ordenador, más bien- y tiene un par de
horas por delante para organizar ideas y exponerlas con la seguridad,
además, de que nadie va a rebatir lo escrito en ese momento (en
realidad, casi en ningún otro).
Pero deberían
existir otras fórmulas de hacer periodismo de opinión en el medio
televisivo, ese es mi sencillo posicionamiento de hoy. Deberían
existir otras fórmulas que estén lejos de esos gritos, de esas
interrupciones molestas y, por supuesto, de las faltas de respeto de
las que deberían avergonzarse.
No tengo la
solución en mi mano pero supongo que pasaría, sobre todo, por no
recurrir a los tres factores arriba mencionados, que son capaces de
convertir una tertulia política respetable en un programa de
entretenimiento con poco trasfondo que busca acumular cifras
estelares de audiencia. Quizá olvidándose de esa condenada palabra -audiencia-, el contenido y las formas vuelvan a equiparse hasta que
podamos alejarnos de momentos como este, entre otros, en los que
resulta difícil escuchar a quien habla porque un moscón parece
perseguirlo de fondo:
https://www.youtube.com/watch?v=fR0hpUmf5IM
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