“¡España es un pleito”. No es un comienzo, sino la frase con la
que Manuel Hidalgos cerraba su artículo 'Pleitos', publicado en El
Mundo el pasado 6 de diciembre, sábado, mientras todo el mundo
hablaba sobre una posible reforma de la Constitución.
Quizá por eso he escogido este artículo, porque no es más de lo
mismo. Y porque ha llamado mi atención.
Manuel Hidalgos expresaba con ese “España es un pleito” una
cierta indignación por una situación que estamos atravesando los
ciudadanos españoles. Hay otro tipo de enfado en nosotros más allá
del provocado por el mantenimiento del alto número de desempleados o
por los casos de corrupción que cada día se destapan. Un enfado
entre nosotros mismos. Un enfado de todos con todos. Un enfado con tu casero, con tu jefa, con el conductor del autobús que coges
cada día, con tu operadora o con tu ex marido. O con todos
ellos a la vez.
Y es un enfado a tener en cuenta, porque no es un enfado que se
solucione en la barra de un bar mientras te tomas dos cervezas y
explicas a la otra parte el motivo de tu mosqueo. Lo que nos cuenta
Manuel Hidalgos es que estos enfados comunes a los que nos
enfrentamos día a día tienden, cada día más, a resolverse en los
juzgados.
A través de un pequeño pero interesante análisis de la publicidad
inmersa en los periódicos que se venden cada día en los kioskos,
Manuel explica que los abogados del país deben estar contentos,
porque no les falta trabajo. ¿Por qué? Porque los necesitamos. ¿Por
qué? Porque estamos todos contra todos. Al menos, eso opina Manuel
Hidalgos.
Yo me posiciono junto a él, porque observo lo mismo que observa él.
Estamos enfadados. España está cabreada. Con o sin motivos, el país
está sumido en un constante cabreo. Con los políticos (algo en gran
parte justificado) y con los banqueros (más de lo mismo), pero
también con nuestros vecinos y con los camareros que un día, por
alguna razón, no nos resultan simpáticos.
Estamos enfadados, ¿pero es esta la solución? ¿La solución está
en los fríos juzgados? ¿En qué momento nos hemos convertido en
estos seres constantemente enfadados que no son capaces de solucionar
las cosas al margen del dictamen de un juez?
Manuel Hidalgos no expresa en su artículo esta sorpresa que yo sí
estoy mostrando, pero es evidente que no está conforme con ello del
mismo modo que no lo estoy yo.
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