Acostumbro a dormirme con voces radiofónicas de fondo, pero anoche
alcanzar el sueño se me hizo más difícil. Escuchando Tiempo de
Juego, probablemente el mejor programa radiofónico y deportivo de la
actualidad, me fue inevitable pensar en una cuestión. ¿Hasta qué
punto son verdaderas y reales las tertulias, deportivas o con otra
temática? ¿Hasta qué punto un tertuliano cree en la postura que
defiende delante de todos?
Anoche, sumergidos en una nueva discusión sobre la violencia en el
fútbol, uno de los participantes en el coloquio actuó de una forma
que, como mínimo, me resultó sorprendente. Sin llegar a defender lo
ocurrido entre los Riazor Blues y el Frente Atlético, sí disculpó
en cierto modo el comportamiento de los primeros, afirmando que una
mayoría de ellos “no sabían a donde les llevaban”.
En unos días muy convulsos en los que deportistas, periodistas y
demás implicados en el deporte denuncian la violencia en los campos
de cualquier equipo, no hay excusa que valga para los responsables de
lo que ocurrió el domingo, que acabó con la muerte de una persona.
¿Realmente quien hizo esas declaraciones, ese “no sabían a donde
les llevaban”, está convencido de ellas?
Por eso me pregunto hasta qué punto uno cree en lo que dice en estas
tertulias. No es ningún secreto que ciertos programas de este tipo
dirigen sus acciones hacia el objetivo de conquistar un mayor número
de audiencia y para ello hay quien exagera su comportamiento, sus
creencias o sus ideales. Porque el espectáculo vende y eso es algo
que todos han aprendido (no acuso ni acusaré nunca a Tiempo de
Juego de algo así, pero en esta ocasión creo que puedo tomarlo
como punto de partida).
No sé si la persona que realizó los comentarios a los que aludo
realmente cree en lo que dice, si lo hizo para ofrecer otro punto de
vista o si sólo quería crear controversia y conseguir que la
discusión continuara, pero me sorprendió y por eso creo necesario
haberlo mencionado. Porque muchas veces lo único que se quiere es
mantener el juego y la emoción vivas durante una conversación, pero
a veces el resultado es que una simple oyente como yo acabe apagando
la radio algo descontenta por lo que ha escuchado y sin creerse del
todo la veracidad de la conversación que se ha dado. Porque me
resisto a creer que una persona excusa a las culpables de una
bestialidad como la que sucedió el domingo por la mañana en los
alrededores del Vicente Calderón, por lo que la única explicación
que se me ocurre es una posible 'manipulación de la información'.
O, en este caso, una transformación de una opinión hasta
convertirla en otra que dé más juego. Y yo no quiero eso. Quiero
escuchar verdades, informaciones veraces y opiniones sinceras
(porque, repito, me niego a creer que alguien puede defender lo
sucedido entre estas aficiones ultras).
Mi posicionamiento de hoy es claro: la información, y la verdad,
siempre debe estar por delante del espectáculo, incluso en los
programas en los que se espera que éste último esté presente, como
ocurre con el magnífico Tiempo de Juego, que seguiré
escuchando cada tarde de domingo.
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