lunes, 8 de diciembre de 2014

Información vs. espectáculo

Acostumbro a dormirme con voces radiofónicas de fondo, pero anoche alcanzar el sueño se me hizo más difícil. Escuchando Tiempo de Juego, probablemente el mejor programa radiofónico y deportivo de la actualidad, me fue inevitable pensar en una cuestión. ¿Hasta qué punto son verdaderas y reales las tertulias, deportivas o con otra temática? ¿Hasta qué punto un tertuliano cree en la postura que defiende delante de todos?
Anoche, sumergidos en una nueva discusión sobre la violencia en el fútbol, uno de los participantes en el coloquio actuó de una forma que, como mínimo, me resultó sorprendente. Sin llegar a defender lo ocurrido entre los Riazor Blues y el Frente Atlético, sí disculpó en cierto modo el comportamiento de los primeros, afirmando que una mayoría de ellos “no sabían a donde les llevaban”.
En unos días muy convulsos en los que deportistas, periodistas y demás implicados en el deporte denuncian la violencia en los campos de cualquier equipo, no hay excusa que valga para los responsables de lo que ocurrió el domingo, que acabó con la muerte de una persona. ¿Realmente quien hizo esas declaraciones, ese “no sabían a donde les llevaban”, está convencido de ellas?

Por eso me pregunto hasta qué punto uno cree en lo que dice en estas tertulias. No es ningún secreto que ciertos programas de este tipo dirigen sus acciones hacia el objetivo de conquistar un mayor número de audiencia y para ello hay quien exagera su comportamiento, sus creencias o sus ideales. Porque el espectáculo vende y eso es algo que todos han aprendido (no acuso ni acusaré nunca a Tiempo de Juego de algo así, pero en esta ocasión creo que puedo tomarlo como punto de partida).
No sé si la persona que realizó los comentarios a los que aludo realmente cree en lo que dice, si lo hizo para ofrecer otro punto de vista o si sólo quería crear controversia y conseguir que la discusión continuara, pero me sorprendió y por eso creo necesario haberlo mencionado. Porque muchas veces lo único que se quiere es mantener el juego y la emoción vivas durante una conversación, pero a veces el resultado es que una simple oyente como yo acabe apagando la radio algo descontenta por lo que ha escuchado y sin creerse del todo la veracidad de la conversación que se ha dado. Porque me resisto a creer que una persona excusa a las culpables de una bestialidad como la que sucedió el domingo por la mañana en los alrededores del Vicente Calderón, por lo que la única explicación que se me ocurre es una posible 'manipulación de la información'. O, en este caso, una transformación de una opinión hasta convertirla en otra que dé más juego. Y yo no quiero eso. Quiero escuchar verdades, informaciones veraces y opiniones sinceras (porque, repito, me niego a creer que alguien puede defender lo sucedido entre estas aficiones ultras).

Mi posicionamiento de hoy es claro: la información, y la verdad, siempre debe estar por delante del espectáculo, incluso en los programas en los que se espera que éste último esté presente, como ocurre con el magnífico Tiempo de Juego, que seguiré escuchando cada tarde de domingo.

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