El
Mundo abría hoy con un editorial titulado 'Una peligrosa explicación
de las diferencias raciales'. En él, explicaban con cierta amplitud
la teoría divulgada por el biólogo estadounidense Nicholas Wade,
según la cual es posible que existan determinados genes en el ser
humano que determinen aspectos de la inteligencia, entre otras cosas,
y que cambien de unas razas humanas a otras. Es decir, que un blanco
puede ser más inteligente que un negro sólo porque así lo indican
sus genes, por hablar claro. “Por tanto, concluye
Wade, entre los grupos humanos existen diferencias en el proceso
cognitivo que se deben tanto a la genética como a la evolución
social.”, citando las palabras del editorial.
Al margen de lo que opino de esta
teoría, me quedo con lo que ha supuesto para mí descubrirla en un
editorial de un periódico. Y, sobre todo, lo que ha supuesto no
descubrir algo que esperaba encontrar.
Después de una primera lectura y sus
correspondientes anotaciones, la sensación que me ha quedado en el
cuerpo es que no hay opinión en el escrito. No hay opinión.
El Mundo no muestra su clara opinión
ante esta teoría del científico, más allá de calificarla como
arriesgada, de decir que puede ser rebatida y de exponer un pequeño
ejemplo, de dos líneas, que puede apoyar esto.
Quiero decir: no hay una auténtica
opinión. No hay un “¡esto es una locura!”, que es lo que me ha
salido a mí del pecho, porque no soy científica pero entiendo que
los comportamientos de un blanco o un negro -otra vez hablando sin
delicadeza- son comportamientos individuales, en ningún caso
dependientes de genes, razas y demás historias que ha querido
explicar Nicholas Wade. El editorial, pues, toca un tema que puede
considerarse de actualidad, pero me falta esa opinión clara que,
creo, debería existir.
¿Y que es lo primero que he pensado de
todo esto, entonces? Que El Mundo está en cierto modo de acuerdo con
esta teoría. ¡Ojo! No es una afirmación universal ni estoy
diciendo palabras que ellos no han dicho: es mi opinión -yo sí me
mojo-. La opinión que he extraído al no encontrar una opinión
clara. No hay un “¡esto es una locura!”, ni tampoco hay un
“¡cuánta razón lleva!”, pero lo que ha provocado en mí es
pensar que gritaban, en silencio, lo segundo.
Si este mismo escrito hubiera aparecido
en cualquier otra página del periódico, lo hubiera tomado como una
simple información, hubiera protestado por la estúpida inteligencia
del científico blanco y lo hubiera dejado estar. Pero creo que es
peligroso ofrecer una información tan polémica en un apartado de
opinión si realmente no estás dispuesto a mostrar la tuya, porque
puede incitar a pensar que tienes miedo a mostrarla porque generaría
aún más polémica. Y, claro, lo 'normal' es pensar que Wade no
lleva razón, apoyarle traería problemas.
¿Autocensura?
