La guerra sigue.
Puedo pecar de ser repetitiva pero no deja de sorprenderme que una
sociedad que parecía tan unida después de los atentados de París
empiece a resquebrajarse de esta manera en tan solo una semana. Hemos
pasado de ser Charlie Hebdo de manera unánime a querer distanciarnos
de la publicación mientras ésta lanza una tirada de más de siete
millones de ejemplares. Observo una crisis de identidad importante,
¿somos o no somos Charlie Hebdo? ¿Lo somos dependiendo del día,
del lugar y de lo que pase por nuestra cabeza? ¿Dejamos de serlo
cuando comprendemos la falta de respeto de la publicación pero
volvemos a serlo cuando nos concienciamos de que hay que defender la
libertad de expresión, santo y seña de la democracia? Puedes estar
de acuerdo con uno, ambos o ningún argumento de los dos anteriores,
pero no puedes ser y dejar
de ser para pasar a ser lo
contrario en apenas unos días.
Y a
guerra sigue en los periódicos. En todos ellos. Los columnistas,
colaboradores y demás implicados en los diarios no se ponen de
acuerdo en quién son o dejan de ser. Los editoriales de los diarios
de tirada nacional recitaron poco menos que un canto de alabanza a la
libertad de expresión, pero ha dejado de ser una opinión compartida
por todos.
La
guerra sigue pero ya resulta menos cargante. Ha reaparecido Cataluña
en las páginas de opinión, y la guerra contra ésta -o contra Mas y
su propuesta soberanista, más bien- también sigue. Parecía
olvidada estos días, pero ha vuelto con fuerza y ha colapsado las
páginas de opinión de, por ejemplo, El País. Como si de pronto
hubieran recordado todos que no sólo son o no Charlie Hebdo, también
pueden ser o no detractores de Artur Mas.
También
el Partido Popular y su 'Aún queda mucho por hacer' ha copado algún
que otro artículo. Lucía Méndez lo analizaba, a mi parecer,
acertadamente para El País y ha sido casi un soplo de aire fresco
observar algo de 'comidilla nacional' en los diarios, precisamente,
nacionales.
Es un
alivio que después de tantos días de incipientes bombardeos sobre
todo lo sucedido en París -hecho que, evidentemente, merece toda
nuestra atención e interés- pueda hallarse de nuevo pluralidad en
los medios de comunicación. Entiendo que cuando ocurre un hecho de
semejante importancia todo el mundo deba hablar de ello y, además,
quiera
hablar de ello. Pero que la guerra entre quienes somos o dejamos de
ser se detenga un poco es bueno. También va a servir para
concedernos un respiro en el que, quizá, podamos encontrar cada uno
nuestra definitiva identidad analizando lo sucedido sin prisas, sin
presiones y con cierta distancia. Porque, la verdad, mi posición hoy
está confundida. Con tanto bombardeo, ya ni yo misma sé quién soy.
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