sábado, 17 de enero de 2015

Bienvenida, pluralidad

La guerra sigue. Puedo pecar de ser repetitiva pero no deja de sorprenderme que una sociedad que parecía tan unida después de los atentados de París empiece a resquebrajarse de esta manera en tan solo una semana. Hemos pasado de ser Charlie Hebdo de manera unánime a querer distanciarnos de la publicación mientras ésta lanza una tirada de más de siete millones de ejemplares. Observo una crisis de identidad importante, ¿somos o no somos Charlie Hebdo? ¿Lo somos dependiendo del día, del lugar y de lo que pase por nuestra cabeza? ¿Dejamos de serlo cuando comprendemos la falta de respeto de la publicación pero volvemos a serlo cuando nos concienciamos de que hay que defender la libertad de expresión, santo y seña de la democracia? Puedes estar de acuerdo con uno, ambos o ningún argumento de los dos anteriores, pero no puedes ser y dejar de ser para pasar a ser lo contrario en apenas unos días.
Y a guerra sigue en los periódicos. En todos ellos. Los columnistas, colaboradores y demás implicados en los diarios no se ponen de acuerdo en quién son o dejan de ser. Los editoriales de los diarios de tirada nacional recitaron poco menos que un canto de alabanza a la libertad de expresión, pero ha dejado de ser una opinión compartida por todos.

La guerra sigue pero ya resulta menos cargante. Ha reaparecido Cataluña en las páginas de opinión, y la guerra contra ésta -o contra Mas y su propuesta soberanista, más bien- también sigue. Parecía olvidada estos días, pero ha vuelto con fuerza y ha colapsado las páginas de opinión de, por ejemplo, El País. Como si de pronto hubieran recordado todos que no sólo son o no Charlie Hebdo, también pueden ser o no detractores de Artur Mas.
También el Partido Popular y su 'Aún queda mucho por hacer' ha copado algún que otro artículo. Lucía Méndez lo analizaba, a mi parecer, acertadamente para El País y ha sido casi un soplo de aire fresco observar algo de 'comidilla nacional' en los diarios, precisamente, nacionales.


Es un alivio que después de tantos días de incipientes bombardeos sobre todo lo sucedido en París -hecho que, evidentemente, merece toda nuestra atención e interés- pueda hallarse de nuevo pluralidad en los medios de comunicación. Entiendo que cuando ocurre un hecho de semejante importancia todo el mundo deba hablar de ello y, además, quiera hablar de ello. Pero que la guerra entre quienes somos o dejamos de ser se detenga un poco es bueno. También va a servir para concedernos un respiro en el que, quizá, podamos encontrar cada uno nuestra definitiva identidad analizando lo sucedido sin prisas, sin presiones y con cierta distancia. Porque, la verdad, mi posición hoy está confundida. Con tanto bombardeo, ya ni yo misma sé quién soy.

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