miércoles, 14 de enero de 2015

¿Todos somos Charlie Hebdo?

 No, no todos somos Charlie Hebdo. Esa es la conclusión que se extrae después de seis días leyendo cada periódico de tirada nacional y observando como, poco a poco, los discursos y los comentarios han ido cambiando. Es lógico, por una parte. En caliente, lo primero que nos pedía el cuerpo era sacar nuestras armas -lápices y bolígrafos, que se han convertido en los símbolos de estos días- y reivindicar y luchar y defender a muerte una libertad de expresión que, creíamos, nos habían arrebatado. Lo primero que nos pedía el cuerpo era ponernos al lado de nuestros vecinos franceses, solidarizarnos con ellos, sufrir su tragedia y apoyar a los que días atrás se consideraban héroes -los dibujantes de Charlie Hebdo-, pero que hoy muchos ven como provocadores.
No creo que lo esencial haya cambiado. Al menos, eso es lo que me han dejado ver las páginas de Opinión de los periódicos. Se sigue reivindicando y luchando y defendiendo esa libertad de expresión, pero ya muchos han encontrado un límite a ésta.
Que existe un límite es algo que todos sabemos pero en lo que la mayoría no queríamos pensar días atrás, cuando el cuerpo sólo nos pedía condenar el atentado y los motivos que se utilizaban para intentar justificar éste. Ahora ya sí nos pide establecer un límite a lo que considerábamos sagrado.

Muchas personas no son Charlie Hebdo. Muchas personas no pueden serlo porque no entienden las intenciones de esta publicación satírica ni encuentran gracioso reírse del dios de nadie. Así que no son Charlie Hebdo.
Del mismo modo que no son Charlie Hebdo todos aquellos que aseguran que existe otro problema fundamental, en el que muy pocos ponen el punto de mira, que parte de las provocaciones que nosotros -entendido como 'la cultura occidental'- les mandamos a los otros -'la cultura oriental'.
Los que piensan de esta manera parecen tener claro que la libertad de expresión de cada uno acaba cuando se hiere al que está al lado -o en otra cultura, a kilómetros- y aunque en un principio lo decían en voz baja, como si temieran molestar a los que alzaban el bolígrafo orgullosos de Charlie, ya no callan.
No tienen que hacerlo, en realidad. Ya comentaba hace dos días que es bueno que se susciten otros debates y creo que todos deberíamos darnos cuenta de que ese pensamiento que hemos intentado generalizar, 'todos somos Charlie Hebdo', no es tan general.

Muchos periodistas que defienden la libertad de expresión no defienden al Charlie más mencionado de los últimos tiempos. No son dos conceptos tan contrarios como pueden parecer en un principio. Se atienen a lo que decía antes: la libertad de expresión de cada uno acaba cuando se hiere al que está al lado. Es otra forma de pensar. Ni mejor ni peor.



Acabo dejando este artículo de Leila Guerriero que no he querido comentar porque creo que, simplemente, merece una lectura: http://elpais.com/elpais/2015/01/13/opinion/1421169721_105011.html  

No hay comentarios:

Publicar un comentario