Después de manejar durante días determinados términos, están a
punto de perder el significado inicial que tenían para mí. Pero las
volveré a repetir, probablemente una última vez, porque al fin he
llegado al escrito definitivo.
Una semana después del atentado de Charlie Hebdo, ya no es una, ni
dos, sino tres posturas diferentes las que están presentes en los
medios de comunicación: soy Charlie Hebdo, no soy Charlie Hebdo, no
sé si soy Charlie Hebdo.
La primera, corresponde con los pensamientos de quienes defienden la
libertad de expresión por encima de cualquier cosa,
independientemente de qué es lo que se pretende expresar aferrándose
a esa libertad. La segunda, vale para todos aquellos que son
incapaces de defender a la publicación al considerar que ha faltado
al respeto a una multitud importante de personas. La tercera, con
tintes de las otras dos, puede que esté confundida o puede que no
sepa en qué bando situarse al considerar que ambas tienen su parte
de razón.
En todos los periódicos, he encontrado ejemplos claros de estas tres
posturas, pero es en El País donde me han resultado más
transparentes que en ningún otro lado.
Comenzamos
con los que son Charlie Hebdo. El escritor Mario Vargas Llosa ha sido
un firme defensor del diario francés, de todo lo que representa y de
todo lo que no han podido destruir con el atentado, porque hay
muchos, como él, que siguen defendiéndolo. “No
poder ejercer esa libertad de expresión que significa usar el humor
de una manera irreverente y crítica significaría pura y simplemente
la desaparición de la libertad de expresión, es decir, de uno de
los pilares de lo que es la cultura de la libertad.”,
afirma. Mario Vargas Llosa, como todos los que han acudido estos días
a las manifestaciones, como todos los que han expresado su apoyo
incondicional a través de las redes sociales, como todos los que
defienden la libertad de expresión por encima de todo... es Charlie
Hebdo.
David
Brooks, periodista canadiense, no es Charlie Hebdo. Y habla de
hipocresía al asegurar que “independientemente de lo que
uno haya publicado en su página de Facebook este viernes, es
inexacto que la mayoría de nosotros afirmemos “Je suis Charlie
Hebdo” o “Yo soy Charlie Hebdo”. La mayoría de nosotros no
practicamos de verdad esa clase de humor deliberadamente ofensivo en
la que está especializada ese periódico.”
Habría que preguntarse hasta qué punto uno puede considerarse
hipócrita por apoyar una publicación que ha sufrido un atentado,
aunque no compartas su humor y aunque nunca lo hubieras comprado, o
si se trata simplemente de una demostración de apoyo ante quienes
están sufriendo una tragedia. Al margen de esto, David Brooks se
muestra más duro: “es un buen momento para adoptar una
postura menos hipócrita hacia nuestras propias figuras
controvertidas, provocadoras y satíricas.” Habla
de un respeto necesario para mantener la convivencia entre diferentes
culturas y, como él, muchos piensan que lo único que conseguía
Charlie Hebdo con sus publicaciones era meter el dedo en la herida
más profunda que poseen muchas personas: su religión. ¿Hasta qué
punto puede considerarse lícita la libertad de expresión si se
utiliza para dañar a otras personas?
Víctor
Lapuente Giné no sabe si es Charlie Hebdo, pero propone un modelo
conciliador entre las dos posturas anteriores, estableciendo “unos
límites perfectos a la libertad de expresión. Unos límites que
permitieran la sátira, la mofa, pero que filtraran los desagravios
que pudieran directamente incitar a la violencia.”
Los que se adhieren a este pensamiento entienden que los anteriores
tienen sus razones para pensar como piensan, y debe existir una
fórmula que pueda extraer lo mejor de cada uno y transformarlo en un
pensamiento beneficioso para todos. Propone, entre otras cosas, unos
límites a la libertad de expresión, fundamentados “en
los códigos éticos de los profesionales; en este caso, de los
periodistas.”
Esta podría ser una recopilación
definitiva de todos los comentarios, pensamientos, opiniones e ideas
que han movido el mundo del periodismo en los últimos días, desde
que el atentado de Charlie Hebdo tuvo lugar y convirtió a muchas
personas en sus defensores, en sus detractores o en quienes observan,
intentando establecer una conclusión que, en realidad, pasa por
entender las dos anteriores.
· “Je
suis Charlie Hebdo” →
http://internacional.elpais.com/internacional/2015/01/09/actualidad/1420842456_901133.html
· Yo no soy Charlie Hebdo →
http://internacional.elpais.com/internacional/2015/01/09/actualidad/1420843355_941930.html
· No sé si soy Charlie Hebdo →
http://elpais.com/elpais/2015/01/09/opinion/1420834517_824508.html
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