sábado, 3 de enero de 2015

Literatura y opinión

Algunos de los columnistas más aplaudidos hoy en día son también algunos de los escritores más aclamados, como Arturo Pérez-Reverte o Almudena Grandes. Hay quien lo llamaría intrusismo laboral, yo lo llamo aumentar la calidad de un periódico.
No están ahí por casualidad ni están ahí de rebote. Si han sido llamados a colaborar en una publicación diaria es porque ésta sabe de lo beneficioso que puede resultar para un periódico -en términos económicos, desde luego, pero me referiré siempre a ese aumento de calidad.
Saben que nos gustan. Los periódicos saben que al lector le gusta leer estos artículos escritos por rostros más conocidos de lo que suelen ser los periodistas. Probablemente se deba a que cuando nos adentramos en las páginas dedicadas a la Opinión, lo que esperamos es relajarnos de alguna manera. No vamos a llevarnos ningún susto ni tampoco ninguna desilusión porque de eso ya se encargan las páginas correspondientes a los temas nacionales, políticos y económicos. Sólo vamos a leer. Vamos, en cierto modo y como ya he dicho, a relajarnos. Ese objetivo es más fácilmente alcanzable cuando las personas encargadas de provocar esa paz que buscamos se dedican al mundo de la literatura. ¿Por qué? Quizá porque son quienes mejor consiguen plasmar una belleza en lo escrito. Tratar cualquier tema, para un escritor, significa una nueva oportunidad para crear algo bello. He llegado a leer un artículo de Arturo Pérez-Reverte dedicado a la actividad de ir al baño y lo he disfrutado como no creía que podría hacer leyendo algo así. ¿Por qué? Porque sabe como hacerlo. Saben como hacer de algo insignificante algo bello, por eso los reclamamos en los periódicos, nosotros y los directores de los mismos.
Y es evidente que han triunfado, porque siguen estando presentes -me atrevería a decir, incluso, que con más asiduidad. No se van a marchar, así que todos sus detractores pueden ir guardando sus armas porque de poco les va a servir. Estos columnistas gustan.
Para dedicarte al mundo del periodismo -con especial atención en la prensa- es evidente que hay que escribir bien. Y de hecho, los periodistas lo hacen. Escriben bien. Ahora mismo, podría coger un periódico cualquiera, abrirlo por una página cualquiera, señalar una columna de opinión cualquiera y comprobaría lo bien escrita que está. Pero no es lo mismo. El alma -y el don- de un escritor no puede compararse con nada.
Parece incluso que uno ya está predispuesto a disfrutar cuando encuentra un artículo escrito por Antonio Gala. La mentalidad cambia, como si ya estuvieras preparado para que te contase una historia bien narrada. Aunque tenga que ver con el Partido Popular o con Cataluña. Vas a disfrutar, porque en este caso la belleza está, sobre todo, en la forma.

Así que, frente a los críticos, me posiciono al lado de estos escritores que hacen las veces de columnistas. Puede que uno de ellos acabe quitándome el puesto en un periódico pero, la verdad, algo me dice que aún así seguiría leyéndolos.



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