miércoles, 10 de diciembre de 2014

El oso morado come tarta de chocolate

La importancia de un titular. Mi artículo puede acabar aquí, siendo entonces algo insignificante y sin ningún mérito, pero habrá captado la atención de los lectores de una forma más rápida, más inmediata y más efectiva que cualquier otro artículo, columna, editorial o tribuna de contenido serio y merecedor de varias lecturas que tenga un titular poco 'llamativo'.

De eso quiero hablar hoy, de la importancia de titular un texto. Es el primer examen al que se somete un periodista, pues hoy en día hay que tener plena conciencia de que es eso mismo lo que va a captar la atención del lector que abra las páginas de un periódico con intención de leer 'algo'.
Por supuesto, me resisto a incluir en este grupo de 'lectores de algo' a las numerosas personas que buscan leer 'todo', pero también en ellas la forma de un titular puede tener efecto.
El motivo por el que quiero hacer una especie de reflexión sobre este tema es el siguiente. Hoy, como cada día, he hecho un repaso de la prensa nacional que tengo a mi alcance (El País, El Mundo, La Razón, ABC) y al abrir las páginas de La Razón, he sufrido una especie de bloqueo. Un total de cuatro artículos se mostraban delante de mí, pero ninguno ha conseguido 'atraparme' desde un principio. Palabras comunes, sin nada atractivo para la vista. Puedo hacerme una idea de lo que va a ser el artículo en su totalidad gracias a esas palabras iniciales, pero he comprendido que para mí eso quizá no sea suficiente.
Sin entrar a valorar la calidad de lo escrito -que nada tiene que ver con los titulares-, es cierto que quizá últimamente muchos de nosotros necesitamos un poquito más del Periodismo de opinión. No sé hasta qué punto puede ser negativo o positivo que los titulares deban llamar nuestra atención para animarnos a leer el resto pero creo que se ha convertido en algo habitual. Y creo también que es algo en lo que el periodista debe trabajar para conseguirlo, por lo que debe obligarse a sí mismo a ser ingenioso en ese sentido, a elegir cuidadosamente las palabras que se van a emplear para encabezar un texto.
No pido un sin sentido. No pido cuatro palabras colocadas sin orden ni concierto, como he hecho yo misma, para que el lector frunza el ceño y se pregunté de qué narices puede tratar un artículo que se titula 'El oso morado come tarta de chocolate'. Hablo de que el periodista lea, analice e incluso estudie lo que él mismo ha escrito hasta dar con las palabras adecuadas que no sólo definan la noticia... sino que nos dejen con ganas de más. Con ganas de leerlo todo.
El periodismo no es intriga. El periodismo no debe significar misterio, ni mucho menos. Pero sí curiosidad. Porque nosotros mismos debemos ser curiosos y también tenemos que poder despertarlo en los demás.


No sé si estoy demasiado equivocada ni sé tampoco si la búsqueda de este vistoso titular puede quitar fuerza a lo demás, pero hoy me posiciono junto a aquellos periodistas que lo hacen: que lo buscan. Me posiciono junto a ellos y, la verdad, siempre serán mi primera lectura del día.

No hay comentarios:

Publicar un comentario