La importancia de
un titular. Mi artículo puede acabar aquí, siendo entonces algo
insignificante y sin ningún mérito, pero habrá captado la atención
de los lectores de una forma más rápida, más inmediata y más
efectiva que cualquier otro artículo, columna, editorial o tribuna
de contenido serio y merecedor de varias lecturas que tenga un
titular poco 'llamativo'.
De eso quiero
hablar hoy, de la importancia de titular un texto. Es el primer
examen al que se somete un periodista, pues hoy en día hay que tener
plena conciencia de que es eso mismo lo que va a captar la atención
del lector que abra las páginas de un periódico con intención de
leer 'algo'.
Por supuesto, me
resisto a incluir en este grupo de 'lectores de algo' a las numerosas
personas que buscan leer 'todo', pero también en ellas la forma de
un titular puede tener efecto.
El motivo por el
que quiero hacer una especie de reflexión sobre este tema es el
siguiente. Hoy, como cada día, he hecho un repaso de la prensa
nacional que tengo a mi alcance (El País, El Mundo, La Razón, ABC)
y al abrir las páginas de La Razón, he sufrido una especie de
bloqueo. Un total de cuatro artículos se mostraban delante de mí,
pero ninguno ha conseguido 'atraparme' desde un principio. Palabras
comunes, sin nada atractivo para la vista. Puedo hacerme una idea de
lo que va a ser el artículo en su totalidad gracias a esas palabras
iniciales, pero he comprendido que para mí eso quizá no sea
suficiente.
Sin entrar a
valorar la calidad de lo escrito -que nada tiene que ver con los
titulares-, es cierto que quizá últimamente muchos de nosotros
necesitamos un poquito más del Periodismo de opinión. No sé hasta
qué punto puede ser negativo o positivo que los titulares deban
llamar nuestra atención para animarnos a leer el resto pero creo que
se ha convertido en algo habitual. Y creo también que es algo en lo
que el periodista debe trabajar para conseguirlo, por lo que debe
obligarse a sí mismo a ser ingenioso en ese sentido, a elegir
cuidadosamente las palabras que se van a emplear para encabezar un
texto.
No pido un sin
sentido. No pido cuatro palabras colocadas sin orden ni concierto,
como he hecho yo misma, para que el lector frunza el ceño y se
pregunté de qué narices puede tratar un artículo que se titula 'El
oso morado come tarta de chocolate'. Hablo de que el periodista lea,
analice e incluso estudie lo que él mismo ha escrito hasta dar con
las palabras adecuadas que no sólo definan la noticia... sino que
nos dejen con ganas de más. Con ganas de leerlo todo.
El periodismo no
es intriga. El periodismo no debe significar misterio, ni mucho
menos. Pero sí curiosidad. Porque nosotros mismos debemos ser
curiosos y también tenemos que poder despertarlo en los demás.
No sé si estoy
demasiado equivocada ni sé tampoco si la búsqueda de este vistoso
titular puede quitar fuerza a lo demás, pero hoy me posiciono junto
a aquellos periodistas que lo hacen: que lo buscan. Me posiciono
junto a ellos y, la verdad, siempre serán mi primera lectura del
día.
No hay comentarios:
Publicar un comentario