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lunes, 29 de diciembre de 2014

Cualquier artículo de cualquier periódico vs. cualquier tertulia

La televisión también opina, pero no siempre lo hace de la mejor forma. Es casi absurdo intentar establecer una comparación entre cualquier artículo publicado una mañana en cualquier periódico con una intervención de apenas treinta segundos realizada en cualquier tertulia, pero es cierto que esto último podría hacerse mejor.
Siguen siendo habituales los programas televisivos cuyo objetivo es mostrar diferentes puntos de vista en temas de interés general, recurriendo a diversas personas que los defiendan, y yo misma soy habitual espectadora de La Sexta Noche. No sé si la profusión de gritos, interrupciones e incluso faltas de respeto que se dan en estos programas tienen o no que ver con la búsqueda de una mayor audiencia, probablemente sí, pero lo cierto es que en ocasiones dejan mucho que desear.
Por eso mismo, estos programas, que no carecen de la falta de calidad de la que a veces se les acusa, nunca tendrán el reconocimiento que tiene cualquier artículo publicado una mañana en cualquier periódico. Porque les pierden las formas, aunque el contenido sea bueno.

La televisión también opina, pero no puedo evitar pensar que opina regular. Aparentemente, es el medio ideal para hacer llegar una opinión -o cualquiera otra cosa- a una cantidad importante de personas, pero no lo están utilizando como se debe para lograr este fin.
En este sentido, los periódicos, o Internet, están muy por encima de lo audiovisual. En los primeros no solo hay calidad: también hay un orden y una estructura, dos características que a veces parecen caer en el olvido pero que son tan fundamentales como el contenido mismo.

El ambiente televisivo no es idílico, desde luego. Dejando a un lado el poco tiempo de intervención que ya mencionaba antes, 'enfrentarse' a personas que comparten una opinión diferente a la tuya, en ocasiones totalmente opuesta, no es sencillo. No es ni mucho menos la misma presión que uno siente cuando se sienta delante de un folio en blanco -de una pantalla de ordenador, más bien- y tiene un par de horas por delante para organizar ideas y exponerlas con la seguridad, además, de que nadie va a rebatir lo escrito en ese momento (en realidad, casi en ningún otro).
Pero deberían existir otras fórmulas de hacer periodismo de opinión en el medio televisivo, ese es mi sencillo posicionamiento de hoy. Deberían existir otras fórmulas que estén lejos de esos gritos, de esas interrupciones molestas y, por supuesto, de las faltas de respeto de las que deberían avergonzarse.
No tengo la solución en mi mano pero supongo que pasaría, sobre todo, por no recurrir a los tres factores arriba mencionados, que son capaces de convertir una tertulia política respetable en un programa de entretenimiento con poco trasfondo que busca acumular cifras estelares de audiencia. Quizá olvidándose de esa condenada palabra -audiencia-, el contenido y las formas vuelvan a equiparse hasta que podamos alejarnos de momentos como este, entre otros, en los que resulta difícil escuchar a quien habla porque un moscón parece perseguirlo de fondo:

https://www.youtube.com/watch?v=fR0hpUmf5IM

miércoles, 10 de diciembre de 2014

El oso morado come tarta de chocolate

La importancia de un titular. Mi artículo puede acabar aquí, siendo entonces algo insignificante y sin ningún mérito, pero habrá captado la atención de los lectores de una forma más rápida, más inmediata y más efectiva que cualquier otro artículo, columna, editorial o tribuna de contenido serio y merecedor de varias lecturas que tenga un titular poco 'llamativo'.

De eso quiero hablar hoy, de la importancia de titular un texto. Es el primer examen al que se somete un periodista, pues hoy en día hay que tener plena conciencia de que es eso mismo lo que va a captar la atención del lector que abra las páginas de un periódico con intención de leer 'algo'.
Por supuesto, me resisto a incluir en este grupo de 'lectores de algo' a las numerosas personas que buscan leer 'todo', pero también en ellas la forma de un titular puede tener efecto.
El motivo por el que quiero hacer una especie de reflexión sobre este tema es el siguiente. Hoy, como cada día, he hecho un repaso de la prensa nacional que tengo a mi alcance (El País, El Mundo, La Razón, ABC) y al abrir las páginas de La Razón, he sufrido una especie de bloqueo. Un total de cuatro artículos se mostraban delante de mí, pero ninguno ha conseguido 'atraparme' desde un principio. Palabras comunes, sin nada atractivo para la vista. Puedo hacerme una idea de lo que va a ser el artículo en su totalidad gracias a esas palabras iniciales, pero he comprendido que para mí eso quizá no sea suficiente.
Sin entrar a valorar la calidad de lo escrito -que nada tiene que ver con los titulares-, es cierto que quizá últimamente muchos de nosotros necesitamos un poquito más del Periodismo de opinión. No sé hasta qué punto puede ser negativo o positivo que los titulares deban llamar nuestra atención para animarnos a leer el resto pero creo que se ha convertido en algo habitual. Y creo también que es algo en lo que el periodista debe trabajar para conseguirlo, por lo que debe obligarse a sí mismo a ser ingenioso en ese sentido, a elegir cuidadosamente las palabras que se van a emplear para encabezar un texto.
No pido un sin sentido. No pido cuatro palabras colocadas sin orden ni concierto, como he hecho yo misma, para que el lector frunza el ceño y se pregunté de qué narices puede tratar un artículo que se titula 'El oso morado come tarta de chocolate'. Hablo de que el periodista lea, analice e incluso estudie lo que él mismo ha escrito hasta dar con las palabras adecuadas que no sólo definan la noticia... sino que nos dejen con ganas de más. Con ganas de leerlo todo.
El periodismo no es intriga. El periodismo no debe significar misterio, ni mucho menos. Pero sí curiosidad. Porque nosotros mismos debemos ser curiosos y también tenemos que poder despertarlo en los demás.


No sé si estoy demasiado equivocada ni sé tampoco si la búsqueda de este vistoso titular puede quitar fuerza a lo demás, pero hoy me posiciono junto a aquellos periodistas que lo hacen: que lo buscan. Me posiciono junto a ellos y, la verdad, siempre serán mi primera lectura del día.